Constitución Europea, un comentario.
En España, ayer se dio un rotundo sí a la Constitución Europea. Últimamente, las victorias rotundas se dan más en los medios de comunicación que con la lucidez de las neuronas o el calor de la sangre. Porque no hay nada que alegar en contra de la objetividad de los datos. Redondeando números, porque siempre olvido los decimales, el voto positivo obtuvo un 76%, con lo cual se afianza esta unión continental y la dirección de las políticas adoptadas hasta el momento.
¿Pero es tan positivo el cambio de Europa? Pareciera que sí, con una mirada histórica y lo manifestado por el pueblo con este referéndum.
Sin embargo el europeo dista de ser el resultado de una sociedad mejor. La mayoría de los que he conocido (jóvenes en su mayoría) tienen en lo material, el sentido de sus vidas. Han llevado una riqueza milenaria, en cultura, arte, ideologías; a una homogeneidad mediocre del continente. El individualismo es tan atroz, que no les interesa siquiera la constitución en sí. Pienso que los que han votado lo hicieron con idea de lograr estabilidad, pero fueron pocos en realidad. Sólo el 42% se presentó. Y sacando cuentas, un 32% del total se movilizó para dar su sí (uno de cada tres de los que podían votar).
España es una muestra, sólo una parte del todo. Pero en su interior residen realidades diversas. En Cataluña, Navarra o el País Vasco, los resultados fueron distintos al resto del país. No obstante los números promedian y liman las diferencias.
Lo poco que he leído de la propuesta de constitución es más de lo mismo. Muchos acuerdos comerciales, económicos, políticos. Poco asunto social, poca mirada en busca de una europea que sea mejor gente.Estos son los logros que nos van a pedir que implementemos en Latinoamérica. Más de lo mismo.
